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9 junio, 2017

Estudio de plantas de la Antártica permite desarrollar “súper vegetales”


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Científicos chilenos analizaron las plantas que sobreviven a las inclemencias de la zona antártica para crear frutas y hortalizas con características únicas de desarrollo y tolerancia ambiental.

Capaces de soportar potentes heladas o tolerar fuertes y prolongadas sequías. Así son los “súper vegetales”, desarrollados por científicos chilenos que analizaron las plantas que sobreviven a las inclemencias de la zona antártica para crear frutas y hortalizas con características únicas de desarrollo y tolerancia ambiental.

La investigación, realizada por expertos del Núcleo Milenio en Ecología Molecular y Aplicaciones Evolutivas en Agroecosistemas (CEM) y del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad de Talca, analizó cómo la flora de esta zona es capaz de sobrevivir al frío, la poca agua, que se encuentra mayormente congelada, y los pocos nutrientes disponibles en el suelo.

Marco Molina-Montenegro, Investigador del CEM, académico del Instituto de Ciencias Biológicas y líder del proyecto señala que “mi trabajo es utilizar a la Antártica como un laboratorio natural. Allí, con estudiantes de pre y postgrado, extraemos biorecursos como hongos y bacterias, buscándoles una aplicación. Acá vemos que con la inoculación de estos microorganismos se les confiere tolerancia, por ejemplo, en los arándanos a las heladas evitando que se mueran o se inoculen vegetales como lechugas y tomates con hongos, para aumentar su productividad ahorrando agua”, explica el académico.

Molina añade que “estamos tratando de generar algunas herramientas biotecnológicas en base a esta investigación no sólo para el sector agrícola, sino que también para el área forestal a través de planes pilotos de reforestación con árboles inoculados con estos microorganismos”.

Desarrollo de súper vegetales

Para lograr tener frutales y hortalizas súper poderosas se deben tomar las raíces de plantas de la Antártica y, con medios de esterilización, se extraen los hongos y se agregan a medios de cultivos llanos para hongos o bacterias. Luego, en un cepario se identifican qué tipos de microorganismos posee, según indica Marco Molina-Montenegro.

Los microorganismos que pueden venir desde las hojas o raíces, se pican en pedacitos, se enfrascan y comienzan a crecer para ser extraídos, conocer su especie y luego ser inyectadas a través de un medio acuoso. “En 3 años se han obtenido lechugas de calibre comercial de casi un 20% menos de agua y un 20 por ciento menos de tiempo. Si gastamos la misma agua con verduras inoculadas con estos microorganismos, son un 15% más grandes”, concluye el profesor.

Fuente: Iniciativa Milenio y Universidad de Talca